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ARTE RELIGIOSO

Era frecuente hacer donaciones de iglesias a la Orden de San Juan. Los miembros sacerdotes llevaban vida conventual, administraban las encomiendas y gobernaban en lo espiritual las iglesias a ellos confiadas, aunque también podían estar regidas por seculares. Si no la había, la levantaban, una parroquia en cada población.

Las parroquias, en este Priorato de San Juan, se erigieron con moldes canónicos propios y peculiares.
Villafranca de los Caballeros como localidad vinculada a la Orden Sanjuanista, estaba regida por sus estatutos, establecidos en los años 1.555 y 1.574. En el cap. 23 del til. 3º se ordenaba que fuera del cargo de la orden de restauración y reparación de sus iglesias y el

surtimiento de libros, ropas y vasos sagrados. Los representantes de la Orden de San Juan y de la Dignidad de Gran Prior insistieron en que las iglesias de su territorio temporal se declarasen todas regulares. Las debían sostener las mismas órdenes, manteniendo todo su derecho sobre ellas. La dignidad Arzobispal, a veces, contribuyó generosamente a estos gastos por pura beneficencia.
El método observado sobre el modo de ejecutarse las obras, ha sido diverso En los primeros procesos, los pueblos que pedían obra para su iglesia, dirigían su pretensión al Real Consejo, y este lo pedía por Real Provisión para que contribuyese la dignidad. Después se observó variación pues en 1669 se acordó que la Dignidad Arzobispal concurriera con la tercera parte del coste de la obra. En la concordia celebrada en 1698, en su cap. 2º, se concordó que la Dignidad Arzobispal podía mandar que se restaurasen las iglesias cuando estuviesen indecentes, por derecho delegado, y en cap. 3º se acordó tocar a esta dar licencia para edificar conventos, iglesias, ermitas, etc.… pero no para reedificar en el todo las iglesias y otros edificios ya fundados.

Las iglesias pertenecientes a este priorato eran reconocidas por el Señor Teniente de Gran Prior, y a partir de la Concordia de 1702 se resolvió que fuera un maestro de obras por cada dignidad.
En la Junta celebrada el 22 de octubre 1702, se pidió al Consejo que las dos dignidades contribuyesen para reparar y ornamentar sus iglesias.
Durante el siglo XVIII, según la relación de Fray Don Antonio Rodríguez de Aragón, las fabricas de las iglesias parroquiales del Gran Priorato de San Juan, tenían unas rentas tan cortas, que el Señor Infante Don Gabriel y sucesores –por ser Grandes Priores de la Orden-, se veían obligados a surtirlas de lo necesario y pagar los alcances de las cuentas de sus mayordomos. Los Propios concurrían con sus réditos a los gastos precisos, diarios e indispensables del culto divino.
Las fábricas de las iglesias tenían sus administradores y mayordomos de rentas, propuestos por las villas para un año. Pero el estado de aquellas, llego a ser tan lamentable, que los Grandes Priores determinar, para la conservación y permanencia de sus bienes, nombrar Mayordomos Administradores, inteligentes y servidores de la Religión de San Juan.

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