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EL MALECÓN

CARTA QUE JUAN DE VILLANUEVA DIRIGIO AL ILMO. SOR. CONDE DE LA CIMERA,

EN MADRID A 24 DE ENERO DE 1.802. Leg. 279. Secretaria Don Gabriel. A.P.R.”

“Cumpliendo con lo que V.I. me ordenaba en su oficio de 11 de Noviembre próximo pasado, insertando la Real Orden del Excmo. Sor. Don Pedro de Cevallos de 31 del mes anterior, por la cual ha resuelto S.M. que el Sor. Infante Don Pedro, y el M. R. Arzobispo de Toledo, como únicos interesados en los Diezmos contribuyan a la ejecución del Dique, y demás obras proyectadas para contener las aguas del Rio Amarguillo, como causa principal de las inundaciones y desgracias que se han experimentado en la villa de Villafranca en el Gran Priorato de San Juan; he pasado a dicha villa, y con presencia de la Declaración y Plano presentado por el Aparejador del mismo Priorato Don Francisco Sostre, que se me ha entregado, he visto, reconocido y considerado escrupulosamente la situación de la referida villa, su Vega, curso o Madre que forma el Rio Amarguillo, desde mas arriba del que llaman Atajadero, hasta la parte de abajo y Puente del Camino de Herencia y remitiéndome a cuanto tengo expuesto en mis anteriores informes, con atención y presencia de la localidad, manifestaré a V.I., que la situación y plantación de aquel Pueblo es muy expuesta, y difícil de precaver de los daños que sufre y padece en los aguaceros y crecientes del Rio, pues la mayor parte de ella se halla plantada en lo mas bajo de la Vega y precisa corriente de las aguas, que separándose del Rio antes del Pueblo por la Veguilla del Ataxadero, fluyen tomando altura por el Camino de Camuñas á entrar en el Pueblo por la Ermita de San Antonio, y unirse con las que recogen y acumulan en los llanos y veguillas de la parte superior del Norte las que represadas y contenidas por el mismo Dique o Malecón antiguo, corriente del Rio y pequeña eminencia que media entre el Puente y Ermita de San Blas, tomando mayor altura que las del Rio ( si es cierto que éste no se excedió de la imposta) alagaron toda la Vega é inundaron las casas del pueblo, según y cómo se demuestra en las señales que dejó la víctima, aunque extraordinaria y prevenida de la tempestad y aguacero, á cuyo pronto aumento creo así mismo pudo contribuir la represa que se formo en Camuñas contra el Puente, sus calzadas o terraplenes próximos al mismo Pueblo, que supero y destruyó con iguales estragos de ruinas de casas, y arrollamiento de huertos y labranzas; pues siendo así que en el Puente del Camino de Herencia á Villafranca no excedió el agua, como queda dicho, de su imposta, habiéndose elevado solos doce pies o cuatro varas sobre el fondo de sus Madre, se observa y nota por las nivelaciones que se han corrido, que en la Ermita mas próxima de San Blas subió el agua sobre el terreno cuatro pies, y sobre el nivel de la imposta del Puente cinco; en el Humilladero sobre el terreno ocho pies, conservando el nivel de los seis pies sobre la imposta, y en la Ermita de San Antón sobre el terreno se elevaron seis pies y medio, con el mismo nivel de los seis pies sobre la imposta; y comenzando á tomar altura la ladera desde dicha Ermita y Camino alto de Camuñas, se evidencia patentemente que entre éste último punto, y el primero de la Ermita de San Blas, se halla la parte más inferior de la Vega, y mayor numero de las casas del Pueblo, descubiertas y expuestas á las crecientes y avenidas superiores que quedan indicadas, y formando corrientes por las calles, Camino del Puente de Herencia y Huertas mas abajo del Pueblo, en donde juntamente se experimentaron las mayores ruinas y desgracias que se quieren precaver; y aunque para su remedio se observa haberse construido en lo antiguo un competente Malecón o Dique de tierras que desde el Atajadero se prolonga por toda la orilla del Rio, dilatándose por mas abajo del Puente del Camino de Herencia, se nota y advierte así mismo que en la mayor parte se halla destruido y cortado por la ambición de los labradores de ganar tierra, y el poco o ningún cuidado que se ha tenido por los que debían celar y conservar dicha obra, y este descuido en la mayor parte ha sido la evidente causa de los daños, perjuicios y desgracias que ha experimentado y sufrido aquella Población, que no pueden negar sus vecinos y el querer remediar tan atendible daño con la nueva refabricación del Dique, no de peor coste, según se propuso primeramente, será repetir lo acontecido, dejando expuesto el Pueblo á que dentro de pocos años por su ambición y desidia padezca los mismo desgraciados acontecimientos. Esto no obstante ciñéndome tan solo á decir lo que entiendo ésta pudiera reducirse y minorarse , como últimamente conoció y propuso Sostre, dejando el Atajadero y toda la Orilla del Rio en el estado que hoy se halla cuidado de común acuerdo de precaverle á sus expensas, y atendiendo tan solo á defender la Población, con mucho menos coste y mas brevedad pudiera crearse un Dique o Malecón que circundase el Pueblo por su Orilla, desde el punto mas elevado de la Ermita de San Antón, y pasando por delante de ésta, del Humilladero, y la de San Blas, se dirigiese y dilatase por la Zanja antigua, y todo lo que fuese posible por mas abajo del Pueblo, la que teniendo en parte superior una vara mas de altura sobre las señales que dejó indicadas la avenida, continuará con la misma altura quasi á nivel. Este sería el único y mas seguro medio de precaver en todo tiempo la inundación del Pueblo, ruinas y desgracias que la acompañan, pues á querer dilatarse á defender las Huertas y labores próximas á la Población, sin perjuicio de lo dejó indicado por mas preciso y urgente, seria forzoso crear otro Malecón que desde el Puente de Herencia, subiendo por la orilla del Rio, reparase el antiguo por una línea de mil y ochocientas varas, desde cuyo punto inclinándose hacia el Norte debería criarse nueva otra línea de mil y doscientas varas por delante de las ultimas Norias, que cortase el Camino bajo de Camuñas, y concluyese próximamente en la mayor elevación del terreno, con la altura de una vara sobre los puntos que dejó indicados la avenida en el referido Camino bajo, y con cuatro varas en el punto donde forma el ángulo para separarse del Rio; observando por regla general en la anchura de estos Malecones, que su planta baja tenga siempre tres veces su altura, y si fuese posible convendría infinito que al Puente del Camino de Herencia se le aumentasen dos ojos mas, dando mayor cavidad á la Madre del Rio para que las aguas fluyesen con mas desahogo y no formasen represa; y como para la ejecución de estos Malecones á menos coste deberían tomarse á la parte superior las tierras en su proximidad de presiones de las Huertas y labranzas, por excavaciones de corta profundidad, y determinada anchura, de conformidad que sin dejar de se aprovechables proporcionasen al mismo tiempo un Vaden y fluencia competente á las aguas que represasen contuviesen los mismos Malecones, cuando los interesados propietarios, por el bien común, no se prestasen á conceder su excavación, debería obligárseles bajo el correspondiente abono del terreno que se ocupase o perjudique con dichos Malecones y excavaciones.

Esto es cuanto entiendo y puedo manifestar a V. I. En el particular, no hallando por conveniente ni con proporción para abrir la nueva Madre el terreno desde la letra A. Á la R. Que indicó y propuso por el Aparejador Don Francisco Sostre en su Informe; considerando que coste del primer Malecón vecino al Pueblo, que propongo por mas necesario, podrá ascender á unos cincuenta o sesenta mil reales, el segundo que defienda las Huertas y demás labores á unos ochenta mil; y el aumento de los dos ojos al Puente treinta mil, sin incluir los perjuicios y abonos del terreno que se ocupe con los Malecones, que no es fácil considerar en el día, demostrados con tinta encarnada en el Plano que acompañó la Declaración de Don Francisco Sostre, que me remitió y devuelvo adjunto.”
Dios guare á V.I. muchos años. Madrid 24 de enero de 1.802. Juan de Villanueva
Ilmo. Sor. Conde de la Cimera.”

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